A día de hoy, el maíz es uno de los productos más demandados para la realización de combustibles, causando un aumento en todos los alimentos derivados de este cereal. La subida en el precio de éstos, ha hecho que se pidan menos subvenciones para el maíz y más para los combustibles no derivados de alimentos. En los últimos años el consumo mundial de cereales ha aumentado en alrededor de 80 millones de toneladas, dice Patrick Westhoff, y alrededor de la mitad de ese aumento, 40 millones de toneladas, proviene de maíz usado para hacer etanol.
Se ha llegado hasta el punto en que según C. Ford Runge, profesor de economía aplicada y derecho en la Universidad de Minnesota, el uso de maíz para la creación de combustible en vez de para la alimentación, ha causado un tercio del aumento del precio en algunos alimentos alrededor del mundo. Algunos expertos piden que se cancelen los mandatos de biocombustibles aprobados el año pasado, y que obligan a aumentar la creación de éstos. Westhoff afirma que según un estudio realizado por su organización, con el tratado actual, EE.UU. disminuirá las exportaciones de maíz en más del 13 por ciento de 2011 a 2016. Ajustando los suministros de maíz en todo el mundo y aumentando los precios, no sólo de maíz, sino también de otros productos de primera necesidad, como el trigo, que podría servir como un reemplazo para el maíz.
Sin embargo, otras iniciativas permitirían seguir utilizando los cereales para la creación de biocarburantes. Como en el caso de unos investigadores que han creado tres cepas de maíz genéticamente modificado para la fabricación de enzimas que descomponen celulosa de la planta en azúcares. Consiguiendo reducir el coste de conversión de celulosa en etanol y recurriendo a fuentes auxiliares, tales como la celulosa, un complejo de hidratos de carbono que se encuentra en todas las plantas y que también permite la creación de biocarburantes.
Este sistema se basa en generar los combustibles a partir de las celulosas sin usar los granos de maíz, pero su principal problema es el coste de las enzimas que degradan la celulosa, cultivadas actualmente en bioreactores de alto consumo energético, “A fin de que el etanol celulósico sea realmente competitivo, necesitamos bajar los costes de éste”, dice Michael J. Blaylock, vicepresidente de desarrollo del sistema en Edenspace, una empresa de biotecnología de cultivos con sede en Manhattan que actualmente están desarrollando la tecnología de Sticklen, que permite hacer el proceso con la propia energía solar y las propias plantas, un proceso que se realiza en los tallos de la planta, y que se activa una vez ésta se ha cosechado.
Se prevé que a lo largo del año se empiece a ensayar con las cepas modificadas genéticamente y comercializar el producto dentro de tres años.
Fuentes: http://www.technologyreview.com/Energy/20641/ , http://www.technologyreview.com/Energy/20608/